El ego en las artes marciales.



Ser un verdadero guerrero significa, ante todo, derrotar a tu ego, no tener más enemigos y poner tus habilidades marciales a disposición de los necesitados. Tomemos algunos ejemplos.

El ego en la ética marcial.

En China siempre ha existido el concepto de " wude ", es decir, de la moralidad a través del control de la mente, a través del respeto, la virtud, el coraje, la paciencia, la humildad, la confianza, la perseverancia .

En Japón encontramos el código de conducta llamado " bushido ", compuesto de mejora continua, lealtad, cortesía, honor, rectitud, benevolencia, verdad.

Los antiguos pueblos indoarios también tenían códigos de conducta que encontramos, por ejemplo, en los guerreros pastunes: respeto, benevolencia, lealtad, justicia, protección de las mujeres y de la patria.

Entre los textos sagrados de la India destaca el Bhagavad Gita, en el que Krishna apoya a Arjuna, el guerrero vacilante, enseñándole a cumplir su deber y a luchar sin ego, sin odio, sin miedo, sin resentimiento .

Saber ganar, perder.

" Lo importante es participar " nos recuerda De Cubertin a través de cada Olimpiada. Como saben, saber cómo ganar y saber perder no son cosas tan obvias.

Para la sociedad moderna basada en la competencia, la búsqueda de la victoria es casi una obligación y puede generar mucho estrés, empeorando el rendimiento en lugar de mejorarlo.

El verdadero artista marcial debe saber cómo ir más allá de todo esto, respetar a todos los adversarios y reconocer en la derrota una gran oportunidad de crecimiento .

En esta perspectiva, es mucho más rentable perder contra un oponente fuerte que ganar contra uno débil. El deseo de victoria y el miedo a la derrota son trampas emocionales y mentales que nos impiden disfrutar del rendimiento y aprovechar al máximo el progreso potencial de la experiencia marcial.

Cómo modular la fuerza en las artes marciales mediante el manejo de las emociones.

Competitividad y ego.

La competitividad es a veces el tema crucial: los niños a menudo son impulsados ​​a ser competitivos por sus padres, quienes buscan algún tipo de redención a través de sus hijos, impidiéndoles experimentar un crecimiento marcial con el espíritu correcto.

Hay que decir que una dosis justa y saludable de competitividad, bien controlada por dos guardianes importantes, buen humor y respeto, puede ayudar en el crecimiento.

Todos tienen el derecho de aspirar al máximo y esta aspiración debe tomar la forma de un compromiso total, pero no debe haber expectativas, como demostrar ser el más fuerte, recibir aprecio, satisfacer a los padres o maestros, descargar el enojo.

El ego del alumno, el ego del maestro.

Es bueno vigilar no solo el ego de los estudiantes sino también el de los maestros, quienes a veces se alimentan de la estima y la dedicación de sus estudiantes.

Pero lo que realmente se debe evitar es el maestro que lleva a sus estudiantes al límite para obtener reconocimiento para su escuela.

Nadie puede ganar en ninguna ocasión y el mundo siempre será alguien más fuerte que nosotros. El ego nos insta a creer que hemos "llegado", por lo que desencadena un proceso por el cual dejaremos de comprometernos al máximo, como siempre tendremos que hacer, recordándonos que lo que no sabemos siempre será mayor que lo que sabemos, y que cualquiera la persona más sencilla puede enseñarnos algo o inspirarnos para un nuevo desarrollo .

También en yoga el ego a menudo gana: así es como salvarse de este veneno.

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